Testimonios
Un espacio dedicado para los estudiantes y padres de familia.

Haber colaborado en el trabajo de todos los días del Jardín Infantil Hans Andersen por 6 años ininterrumpidos y aún hoy continuar vinculada afectiva y profesionalmente me da la tranquilidad y porque no, la autoridad, para hablar de lo divino y lo humano que tiene ese lugar. El Hans es un lugar lleno de calidez en cada rincón, cada pared, cada salón; cada objeto esta puesto en un lugar que ha sido pensado solo para el, y sobretodo que ha sido adquirido de manera planeada y con una funcionalidad bien clara o que ha llegado hasta ese lugar porque fue un regalo y los regalos tienen su lugar especial también. Los espacios tienen el material justo para que las profesoras y los niños disfruten de ellos, para que disfruten de las imágenes, los colores, las formas y para que saquen provecho porque están al alcance de todos. Es un lugar para ser creativos, de todos esos objetos que se tienen a la mano se han hecho cosas y planeado eventos que están en la memoria de los que han pasado por ahí.

Esta es la voz de una hermana que vio convertirse en realidad el sueño de una educadora, cuando decidió fundar su propio jardín infantil. Lo vi crecer poco a poco, en horario, instalaciones y número de niños, y escuché en mi casa las historias de manuelas, alejandros y juanitas. Cada año podía preguntar por alguno alumno y siempre mi hermana me respondía como si los conociera como la palma de su mano.

Vi también como inventaron los viernes divertidos, cómo aprendieron a definir menús nutritivos para horas de almuerzo, y escuché más de una vez 

Las Directivas del Jardín Infantil Hans Andersen me solicitaron escribir unas líneas acerca de mi experiencia como papá de Pablo Zamora, quien pasó dos inolvidables años en ese Jardín (2003 – 2005). Las escribo con mucho gusto y agradecimiento.

Primero que todo debo referirme a la cálida acogida que recuerdo desde el primer día que pisé sus instalaciones, cuando estaba explorando opciones, tratando de disimular la íntima resistencia que me acompañaba de entregar mi hijo en manos ajenas, es decir del temor o la incertidumbre que me producía enviarlo diariamente a una institución. Pablo tenía dos años. La acogida que ante todo inspira confianza, y eso es esencial en medio de ese trance. Para empezar, uno necesita sentirse seguro de que su hijo estará en buenas manos…lo demás viene por añadidura. Cada una de las personas con quienes entablamos conversación ese primer día en el Jardín mostraba experiencia en la labor, y un convencimiento de las bondades del propio Jardín. Es que sólo se puede transmitir la confianza si se lleva dentro.

Rafael Alberto Vernza - Alumno   

Cómo llegar al jardín